Amancio Ortega, magnate español, 90 años, sobre su infancia: “En casa no había lujos. No había nada de nada, pero nos educaron con valores”


Antes de convertirse en una de las mayores fortunas del mundo, Amancio Ortega vivió una infancia marcada por la sencillez y la austeridad, muy alejada del imperio textil que años después construiría con Zara e Inditex.
Ortega nació el 28 de marzo de 1936 en Busdongo de Arbas, un pequeño pueblo de la montaña leonesa, a más de 1.200 metros de altitud. Su padre, Amancio Ortega Rodríguez, trabajaba como ferroviario y era jefe de la estación de tren de la localidad, un punto clave para las comunicaciones entre la meseta y Asturias por donde circulaban a diario trenes de mercancías cargados de carbón y convoyes de viajeros que cruzaban el histórico puerto de Pajares.
La familia vivía, como muchas otras familias ferroviarias de la época, en una vivienda construida junto a las vías. Allí, entre inviernos largos y nevadas que a menudo aislaban por completo la localidad, pasó Amancio Ortega sus primeros meses de vida.
La estancia de la familia en Busdongo fue muy breve. Siendo todavía un bebé, el trabajo de su padre en la red ferroviaria obligó a la familia a mudarse, primero a Tolosa, en Guipúzcoa, y en 1944 a La Coruña, ciudad donde Amancio Ortega creció y donde daría sus primeros pasos en el mundo laboral.
Fue allí donde, con solo 14 años, empezó a trabajar como repartidor en una camisería, el primer paso de una trayectoria que décadas más tarde desembocaría en la creación de Inditex y Zara.
El empresario ha mantenido siempre un perfil extremadamente discreto y apenas concede entrevistas. Gran parte de lo que se sabe sobre su infancia procede del libro Así es Amancio Ortega, de la periodista Covadonga O’Shea, publicado en 2008 y considerado una de las principales aproximaciones a la vida del fundador de Zara. En esa obra, se recoge una de las frases más reveladoras del empresario sobre su infancia: “En casa no había nada de nada, pero nos educaron en valores”.
Según relata O’Shea, la familia vivía con muy pocos recursos, como tantas otras familias españolas de la época, pero nunca les faltó lo más importante: educación, respeto y mucho amor.
Hoy, Busdongo de Arbas apenas conserva vecinos, pero mantiene el orgullo de haber visto nacer al fundador del mayor grupo textil español. La antigua vivienda ferroviaria donde nació en 1936 sigue en pie junto a la estación, convertida en uno de los lugares más simbólicos del municipio, que en su día llegó a contar con talleres, depósitos de locomotoras y muelles de carga, y que con la caída del tráfico ferroviario tuvo que reinventarse apostando por el turismo rural y la naturaleza.
Aquella educación basada en el esfuerzo, la responsabilidad y la discreción ha sido señalada en numerosas ocasiones como uno de los pilares que explican tanto su forma de entender la vida como los negocios.
Fuente: www.clarin.com



